Día tres:
Me he dado cuenta de que me siento perdida, en casa no me siento en casa, siento vacío, intranquilidad, no estoy cómoda ni me siento a salvo, pero lo peor es que viajando, cosa que siempre he querido hacer más que nada, también me siento desamparada, aunque me lo pase bien y los viajes sean inolvidables y felices y me encante estar con quien estoy, me siento lejos de todo, lejos de casa y deseando volver, pero, ¿volver a dónde?
Porque una vez de vuelta no hay nada, no estoy en casa, la desolación me envuelve, a mi y a todos mis objetos desordenados siempre esperándome, esperando que les de un sentido y un uso... cosa que no hago ni por mi misma.
Cuando estoy lejos o con otras personas solo quiero y necesito mucho afecto, que alguien me apriete tanto como para recordarme que estoy viva. A veces rechazo el cariño de otros porque me pilla alerta, desprevenida, como un gato a punto de saltar y luego me duele haberlo hecho porque no es lo que quería, pero después de tantos golpes me cuesta bajar el puente levadizo, hasta con aquellos que considero más que mi familia.
Otras veces me siento inmensamente sola y mis brazos necesitan tocar a otra persona, abrazarla, sentir que es real... pero no sé pedirlo porque creo que no lo merezco, que sobrepaso los límites, y disfrazo el cariño y su desesperación de broma infantil, de afecto sin sentido, cuando tiene más sentido que nada en mi vida: sentir que hay alguien ahí, que no voy a desaparecer.
Evaporándose y necesitando un abrazo,
La esperanza.
Me he dado cuenta de que me siento perdida, en casa no me siento en casa, siento vacío, intranquilidad, no estoy cómoda ni me siento a salvo, pero lo peor es que viajando, cosa que siempre he querido hacer más que nada, también me siento desamparada, aunque me lo pase bien y los viajes sean inolvidables y felices y me encante estar con quien estoy, me siento lejos de todo, lejos de casa y deseando volver, pero, ¿volver a dónde?
Porque una vez de vuelta no hay nada, no estoy en casa, la desolación me envuelve, a mi y a todos mis objetos desordenados siempre esperándome, esperando que les de un sentido y un uso... cosa que no hago ni por mi misma.
Cuando estoy lejos o con otras personas solo quiero y necesito mucho afecto, que alguien me apriete tanto como para recordarme que estoy viva. A veces rechazo el cariño de otros porque me pilla alerta, desprevenida, como un gato a punto de saltar y luego me duele haberlo hecho porque no es lo que quería, pero después de tantos golpes me cuesta bajar el puente levadizo, hasta con aquellos que considero más que mi familia.
Otras veces me siento inmensamente sola y mis brazos necesitan tocar a otra persona, abrazarla, sentir que es real... pero no sé pedirlo porque creo que no lo merezco, que sobrepaso los límites, y disfrazo el cariño y su desesperación de broma infantil, de afecto sin sentido, cuando tiene más sentido que nada en mi vida: sentir que hay alguien ahí, que no voy a desaparecer.
Evaporándose y necesitando un abrazo,
La esperanza.
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