Día dos:
He decidido que quiero echar raíces en la vida y no soltarla.
Hoy unas plantas me han enseñado lo que significa buscar algo sólido cuando no tienes tierra a la que sujetarte:
Recogí un pequeño agave en Toledo y lo di por podrido dejándolo al sol para ver si se salvaba. Este último año me hizo olvidarle; más de dos meses al sol abrasador del verano, sin tierra, sin agua ninguna, sin raíces, sin nada. Ahora está verde, sigue vivo, sigue adelante, lo he plantado y luego lo regaré. Se ha aferrado a la vida como yo no he sabido hacer.
Pero no es un caso aislado... Cogí menta silvestre de Asturias, la privé de su tierra fértil, de la humedad, del rocío diario, la metí en una bolsa de plástico, la arrastré hasta aquí, la olvidé en un frigorífico por tres días. Luego la planté en tierra vieja, estaba mustia y la di por muerta, no lo estaba.
La abandoné después por siete días, casi no recibió agua pero sí el sol agobiante de agosto en Madrid.
Ahora reverdece, nace desde la raíz, en pequeños brotes erguidos contra la gravedad, contra la luz y contra el calor, alejándose de la tierra que le da sustento, casi sin hojas, casi sin agua, pero valiente, siempre hacia arriba. Otra cosa que yo tampoco he aprendido a hacer aun.
El día aun es joven, puede guardar muchas sorpresas así que quizás luego tenga algo más que contar.
De momento solo añadir que por fin le dije a mis amigos que no estaba bien, les conté todo mi último año, hasta las partes delicadas. Me han hecho que aprenda de que tengo que pedir ayuda si la necesito, que soy importante, que no tengo que ser la fuerte.
Sé que van a estar ahí al igual que yo lo estoy para ellos, porque todos hemos estado más o menos mal este último año y hay peligros que nos acechan, y que aunque sean distintos o personificados en personas que no tienen nada que ver nos demuestran que nadie está a salvo, pero también que nadie está solo. Ya no.
Esperanzada,
Silene
He decidido que quiero echar raíces en la vida y no soltarla.
Hoy unas plantas me han enseñado lo que significa buscar algo sólido cuando no tienes tierra a la que sujetarte:
Recogí un pequeño agave en Toledo y lo di por podrido dejándolo al sol para ver si se salvaba. Este último año me hizo olvidarle; más de dos meses al sol abrasador del verano, sin tierra, sin agua ninguna, sin raíces, sin nada. Ahora está verde, sigue vivo, sigue adelante, lo he plantado y luego lo regaré. Se ha aferrado a la vida como yo no he sabido hacer.
Pero no es un caso aislado... Cogí menta silvestre de Asturias, la privé de su tierra fértil, de la humedad, del rocío diario, la metí en una bolsa de plástico, la arrastré hasta aquí, la olvidé en un frigorífico por tres días. Luego la planté en tierra vieja, estaba mustia y la di por muerta, no lo estaba.
La abandoné después por siete días, casi no recibió agua pero sí el sol agobiante de agosto en Madrid.
Ahora reverdece, nace desde la raíz, en pequeños brotes erguidos contra la gravedad, contra la luz y contra el calor, alejándose de la tierra que le da sustento, casi sin hojas, casi sin agua, pero valiente, siempre hacia arriba. Otra cosa que yo tampoco he aprendido a hacer aun.
El día aun es joven, puede guardar muchas sorpresas así que quizás luego tenga algo más que contar.
De momento solo añadir que por fin le dije a mis amigos que no estaba bien, les conté todo mi último año, hasta las partes delicadas. Me han hecho que aprenda de que tengo que pedir ayuda si la necesito, que soy importante, que no tengo que ser la fuerte.
Sé que van a estar ahí al igual que yo lo estoy para ellos, porque todos hemos estado más o menos mal este último año y hay peligros que nos acechan, y que aunque sean distintos o personificados en personas que no tienen nada que ver nos demuestran que nadie está a salvo, pero también que nadie está solo. Ya no.
Esperanzada,
Silene
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